• Mons. Fernando María Cavaller

4º DOMINGO DE CUARESMA (A) 2020. EL SEÑOR ES MI PASTOR.


Las lecturas de este domingo no pueden ser más providenciales. En la primera está el relato de la elección y unción de David, pastor de ovejas, como rey pastor de Israel, e inmediatamente se canta el salmo 22, “El Señor es mi Pastor”, compuesto en la época davídica, cantado hasta que llegó Jesús, que dijo de Sí mismo “Yo soy el Buen Pastor”, y que seguimos cantando hasta hoy. La lectura de San Pablo a los Efesios, y luego el Evangelio, nos hablan del Señor como Luz que nos guía e ilumina. El ciego de nacimiento representa a toda la humanidad a la que Cristo quiere devolver la vista que ha perdido por el pecado. Es obra del Buen Pastor que podamos ver a Dios. El salmo resume todo y nos mueve a dejarnos conducir por Él, precisamente cuando permite que “crucemos por oscuras quebradas”. Él mismo inspiró a David, y a nosotros hoy, cantar este salmo y decir de corazón “no temeré ningún mal porque Tú estás conmigo”.

¿No es asombroso que justamente hoy la liturgia católica cante este salmo en todo el mundo? No podemos ir a misa, y estamos aislados como se nos pide, pero no estamos abandonados del Señor, y tampoco alejados entre nosotros, porque nos une la misma fe en El, la misma esperanza en Él, y el mismo amor a Él. Somos su Iglesia. Esta lejanía física de unos y otros es la ocasión providente para estar unidos espiritualmente, quizá más que nunca, y decir juntos a Jesús con el salmo “Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida”, con la esperanza cierta de que “habitaré en la Casa del Señor por muy largo tiempo”.

Vivamos este domingo y estos días difíciles con los ojos puestos en el Señor, Buen Pastor que nos guía e ilumina. Y recordemos que en el camino de la cruz Jesús encontró a Su Madre, que está también presente en nuestro camino ahora. Recemos hoy el Credo, como en Misa, juntos. Hagamos todo en familia, que es una “pequeña Iglesia doméstica”: lectura espiritual, oración, rosario y comunión espiritual. Nos viene bien parar nuestro habitual activismo y vivir un tiempo más contemplativo.

Provoquemos una anti-pandemia de fe, esperanza y caridad, y contagiemos a todos.

Que descienda sobre vosotros la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Cortesía de Mons. Fernando María Cavaller. Permitida su reproducción citando autor y a La Cumbrera.


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