• Padre Brown

Como ovejas en medio de lobos

Actualizado: jun 8


En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: "La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios." Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: "Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios." Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo." Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre." Él les contestó: "Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo." (Lc-10, 1-12. 17-20)

Jesús designa a 72 discípulos para la misión. Son distintos de los 12 apóstoles. El número 72 evoca a los 70 ancianos que eligió Moisés para que lo ayudaran a gobernar. Se trata de un mandato misionero, con consejos y detalles, para predicar que “el Reino de Dios está cerca”.

La advertencia de entrada es que los envía “como a ovejas en medio de lobos”. La frase es tremenda por la imagen real tomada, precisamente, de un ambiente de pastores. Y fue profecía que se cumplió inmediatamente. Los cristianos, desde el comienzo mismo de la vida de la Iglesia, fueron sometidos a persecuciones y fracasos. Fueron literalmente “comidos” por las fieras en aquellos circos romanos. Hace pocos días hemos recordado el martirio de San Pedro y de San Pablo, y la multitud de mártires cristianos de Roma, muertos todos bajo la persecución de Nerón en el año 64.

Pero las cifras de martirios en el siglo XX y lo que va del XXI, sobrepasan a aquellas. El dato es que 100.000 cristianos mueren cada año por su fe. Son cifras del mundo actual. La cristianofobia crece.


Sería interminable la lista de situaciones y personajes que aparecen hoy en el mundo como lobos, no siempre a cara descubierta, sino disfrazados de ovejas, o de pastores…falsos pastores. Se escuchan declaraciones contra la fe y la moral católica que confunden al rebaño. Son aquellos de los que habla el salmo 54: “su boca es más blanda que la manteca, pero desean la guerra; sus palabras son más suaves que el aceite, pero son puñales”. Y nos sentimos poca cosa, casi impotentes, frente a semejante avalancha de males. La persecución de los “lobos” la protagoniza también hoy el mundo mediático que difunde ideas y costumbres contrarias al cristianismo, gobiernos que las promueven, entidades varias que denuncian como “discriminadores” a cristianos que dicen la verdad. La familia cristiana es perseguida hoy por la voracidad de los “lobos” que pretenden justificar todo tipo de desvíos y perversiones, que quieren establecerlas como “derechos” e incluso como “normas” para la educación de los niños y los jóvenes. La ideología de género la trae la última manada de lobos disfrazados, o sin disfraz:

Pero la confusión es también doctrinal: con el propósito de acercarse a las culturas y religiones no cristianas, cosa que por otra parte la Iglesia ha hecho siempre desde su origen, se esconde (y a veces no se esconde) el propósito de no querer convertir a nadie a la fe cristiana, lo cual es una traición al mandato misionero de Cristo, y destruye la misma identidad de la Iglesia. Esta unión termina en un verdadero sincretismo religioso, donde Cristo ya no es el Salvador universal. ¿Qué significa evangelizar para estos lobos con disfraz de pastores? Algo parecido ocurre cada vez que en el diálogo ecuménico con las iglesias cristianas no católicas la Verdad de la fe es sustituida por un simple acercamiento cordial sin base doctrinal, que no logra la verdadera unidad, la de “un solo rebaño bajo un solo Pastor” (Jn 10,16).

Frente a estos lobos, disfrazados de ovejas o de pastores, muchos no hablan ni actúan por temor, o buscan lenguajes consensuados o ambiguos, para no tener problemas, y los que quieren ser fieles a la Verdad sufren indiferencia, o desprecio, o franca persecución. Aquellos cristianos de los primeros siglos iban de cabeza al martirio por no querer dar culto a los dioses y al César. Las idolatrías actuales, no sólo la del sexo, sino la del dinero y el poder, pretenden imponer su culto y tienen entrenados a “lobos” que acechan al rebaño. No matan cuerpos sino almas. Hay un nuevo paganismo universal, mucho peor que aquel que rodeaba a la Iglesia naciente. Predicar hoy el Reino de Dios sigue siendo tarea peligrosa.

Como sea, Jesús les advierte a los 72 discípulos, es decir a nosotros, sobre la posibilidad del rechazo, y la sentencia es tremenda, más tremenda que las sentencias de este mundo que persigue a los buenos... Dice que la ciudad que rechace a sus enviados, será tratada en el Día del Juicio Final más rigurosamente que Sodoma. Ya sabemos cuál fue el pecado abominable de aquella ciudad pagana. Pero es mayor aberración que la de Sodoma rechazar la Luz de la salvación, a Dios mismo en Persona, a Jesús. La catástrofe de Sodoma y Gomorra, que en la historia de Israel era la imagen clásica de la maldad y la manifestación por excelencia del castigo divino, ya no parece conmover demasiado. Es más, hoy tenemos manifestaciones públicas de orgullo gay en todo el mundo, y entre nosotros banderas y el obelisco iluminado con el arco iris. No caerá quizás fuego del cielo como en Sodoma pero Jesús habla del Juicio Final y de otro fuego peor, del cual tampoco predican ya los lobos disfrazados de pastores, porque dicen que el infierno no existe. La Ley de Dios no cambió ni cambiará jamás respecto del pecado. Y el envío misionero incluye el llamado al arrepentimiento y a la conversión, en orden a la salvación. Cualquier otro mensaje no viene de Cristo. Él es el Buen Pastor, que entra por la puerta del corral; los falsos pastores – lobos saltan por encima, o se disfrazan de ovejas adentro (Jn 10).

Ante esta situación, nosotros parecemos pobres ovejas indefensas, pero, sin embargo, tenemos la fuerza de la Verdad que nos viene de Jesucristo, y es el Él mismo quien nos envía. Nos dice en el evangelio: “¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos”. Soy Yo el que los envía, el que los guía, el que los fortalece y los cuida. En otros pasajes aparece otra expresión: “¡No tengan miedo. Soy Yo!” Estoy con ustedes. Aunque los rechacen. San Pablo, escribe sobre sus tribulaciones y sufrimientos, pero ve en ellas el anuncio más convincente del Evangelio, y dice que en la debilidad y en el sufrimiento se hace manifiesto y palpable el poder de Dios. Y llega a decir: “Por eso me complazco en mis debilidades, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo, pues cuando soy débil, entonces soy fuerte”, (2 Cor 12,10)

Y las instrucciones que Jesús les da hoy a los discípulos muestran que se trata de una misión basada en el poder de Dios. “No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado”. Es la Providencia que acompaña el trabajo misionero. Viene a decir que es un asunto que no se puede resolver solamente con medios humanos. Y lo mismo se aplica a la realidad de que “La cosecha es mucha, pero los trabajadores son pocos”, a lo cual Jesús responde: “Rogad al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha” (Mt 9,32). Es decir, que no es algo que se pueda “fabricar” humanamente. Ni la causa ni el efecto. Hay que pedirlo a Dios primero. El llamado lo puede hacer sólo Dios, y la respuesta es la fe, que es un don de Dios.

Se trata de predicar el Reino de Dios. Y esto es un objetivo que no admite dilación, ni pérdida de tiempo. Por eso, les dice que no se detengan a saludar en el camino. La misión cristiana no es un paseo mirando el paisaje. Ni es una actividad en medio de otras: otro “proyecto más al que me puedo sumar”, como se dice ahora. El “apostolado” no es alguna cosita más que hay que hacer cuando sobra el tiempo, para calmar la conciencia. Se trata de una tarea permanente. La realiza un padre o una madre en el hogar, todo el tiempo, y hasta la muerte. Es la presencia cristiana en el lugar del trabajo, o del estudio, o incluso en el lugar del deporte o la diversión, y también en la política. La fe no se puede meter en el bolsillo por buscar agradar a todos. La fe no entra en receso cuando estamos abocados a las tareas diarias. Misioneros somos todos “full time”, desde el bautismo. Nadie puede sentirse exceptuado por ninguna razón, ni siquiera el enfermo postrado, o el anciano. Podemos ser en cualquier situación, estado, o edad, misioneros de Cristo.

Animémonos a la “nueva evangelización” que nos pide la Iglesia. Nueva por su ardor, y porque la hacemos en el mundo actual, y en medio de lobos modernos, pero es la misma que comenzó con la escena del Evangelio. Y alegrémonos, como les dice Jesús a aquellos 72, porque si le somos fieles, nuestros nombres, aunque sean borrados de la faz de la tierra, “están escritos en el cielo”.


Permitida su reproduccion citando a La Cumbrera

#Iglesia #Misión #Mundo

Para nosotros, la palabra no impide la acción, lo que la impide es no formarse antes detenidamente de ponerla en ejecución, por eso mismo debemos formarnos, y formar a los que sean de nuestro entorno. Para eso queremos distinguimos.

facebook.png
instagram.png
gorjeo.png

© 2018 by La Cumbrera - lacumbrerab@gmail.com