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El primer frente de batalla

Actualizado: jun 8


Durante muchos siglos el laico católico tuvo como principal objetivo de su trabajo personal la propia santificación: La sociedad en la que vivía era una sociedad al menos oficialmente católica, con unas leyes, que nunca son perfectas, pero que no eran agresivas contra la fe y que de alguna manera también defendían unos valores en consonancia con el evangelio, aunque sus dirigentes, seres humanos, fueran pecadores. Y por supuesto, la Iglesia, era una Iglesia también formada por seres humanos pecadores, pero una iglesia que transmitía fielmente la doctrina.

Conforme pasó el tiempo, la sociedad se hizo agresiva: Agresiva contra la propia iglesia, los católicos, y sobretodo contra nuestros valores. Por poner algunos ejemplos sencillos: aborto, ideología de genero, matrimonio homosexual, entre otros. Con lo cual, el laico católico además de luchar por controlar su carácter, sus instintos, ademas de eso tiene que estar haciendo frente a unos ataques sociales, que son muy influyentes especialmente en los mas jóvenes. La queja es general, y hoy en día hay que hablar de excepciones de los que no están en esa norma: Hijos de familias católicas, incluso practicantes de adolescentes, que se alejan de la iglesia. La sociedad se los ha robado a los padres.

Hoy en día nos encontramos con un tercer frente, que resulta inédito: Dentro de la propia iglesia ya no hay coherencia, la enseñanza y la celebración litúrgica no es en todos los sitios igual, uno se encuentra sacerdotes que predican unas cosas, instituciones católicas que promueven abiertamente doctrinas contrarias al evangelio, allí donde antes encontraba seguridad, en la predicación del sacerdote, en unos ejercicios espirituales, en un colegio católico, en una universidad católica, hoy no solamente encuentra confusión sino algo peor: veneno.

En resumen, entonces, el católico de hoy en día se encuentra ante tres frentes, cuando antes solo tenia uno: El frente de su propia alma, donde tiene que luchar contra aquellas cosas que lo separan del camino de la santidad, pero tiene ademas que luchar contra una sociedad agresiva y defender su fe incluso dentro de la propia iglesia. Naturalmente todo lo antedicho vale también para el sacerdote.

Corremos el riesgo que entre tantos frentes, luchando por la verdad en la iglesia, luchando por los derechos humanos auténticos en la sociedad, se nos olvide el primero. No podemos renunciar a la lucha en la sociedad para defender el verdadero significado de, por ejemplo, la mujer, la vida, la familia, no podemos renunciar a esto, no podemos renunciar a la lucha en la iglesia para defender la doctrina verdadera donde hay tanta confusión, pero corremos el riesgo de olvidar el primer frente, nuestra propia santificación, y es ahí donde tenemos que insistir, incluso en primer lugar.

Jesús lo dice en el evangelio (Mt 7:21-28) :

«No todo el que me dice: "Señor, Señor", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" Y entonces les declararé: "Jamás os conocí; Apartaros de mi, los que practicáis la iniquidad." Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca. Y todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; y cayó, y grande fue su destrucción.»

Esto tiene que servirnos de llamada de atención a nuestra conciencia: ¿Estamos viviendo el evangelio? El señor nos lo pide a nosotros. A todos, pero a nosotros: ¿Estamos viviendo conforme a las enseñanzas que creemos y que a la vez estamos defendiendo?

Vivimos en una época muy complicada y muy confusa, pero es nuestra época, es la época en la que tenemos que vivir y en la que no podemos olvidar ese primer frente de batalla: Tenemos que ser santos. Debemos intentar practicar aquellas cosas que predicamos, que defendemos, que sabemos que son verdad , y cuando no lo consigamos, arrepentirnos, pedir perdón a Dios y volver a empezar, es decir, levantarnos y seguir luchando. Eso es construir la casa sobre roca. Nunca olvidemos que, pecadores como somos, estamos llamados a la santidad, con la gracia de Dios y nuestra colaboración a la gracia.

Texto basado en Homilía del P. Santiago Martin.

Para nosotros, la palabra no impide la acción, lo que la impide es no formarse antes detenidamente de ponerla en ejecución, por eso mismo debemos formarnos, y formar a los que sean de nuestro entorno. Para eso queremos distinguimos.

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