• J.R.R. Tolkien

La tentación del Anillo Único

Actualizado: jun 8

Con el contexto que nos proporciona este antiguo cuestionamiento de la vida moral, podemos ver cómo los personajes de Tolkien nos ofrecen diversas respuestas a la pregunta planteada por Platón: ¿se dejaría corromper una persona justa por la posibilidad de un poder casi ilimitado?

A través de esas distintas respuestas, Tolkien nos muestra, no mediante una argumentación filosófica sino con los pensamientos y acciones de personajes «vivos», por qué debemos ser sujetos morales, por qué debemos llevar una vida virtuosa. Pero, además, las historias de Tolkien sobre el Anillo Único mejoran y amplían el argumento platónico, pues su anillo explícitamente tiene la capacidad de corromper el alma de quien lo posee. El uso del Anillo Único corrompe los deseos, intereses y creencias de quienes lo utilizan. Platón argumenta que tal corrupción se producirá; Tolkien, en cambio, nos muestra esa corrupción a través de los pensamientos y acciones de sus personajes.


Más aún, Tolkien nos muestra también las dificultades que conlleva una vida virtuosa: si se quiere cumplir con las exigencias de la vida moral es necesario asumir ciertas responsabilidades y realizar ciertos sacrificios.

El personaje que ilustra de forma más evidente el argumento de Platón de

que una vida injusta no conduce a otra cosa que a la infelicidad es Gollum, a quien invariablemente se describe como una criatura miserable, llena de temores, sin amigos ni hogar, siempre en búsqueda de su «tesoro», el anillo. Gollum es la criatura mortal que posee el anillo durante el período de tiempo más largo, y el deseo de poseerlo parece haberlo corrompido prácticamente por completo: cada acción que realiza en el libro, incluso cuando guía a Frodo y Sam en su viaje hasta Mordor, tiene como fin recuperar el preciado objeto. Es durante este largo viaje a través de las tierras estériles que rodean Mordor cuando somos testigos de la auténtica desintegración de la personalidad de Gollum, un proceso causado por su deseo del anillo.


Gollum está constantemente hablando consigo mismo, pues su alma se encuentra dividida en dos: una parte es Sméagol, el hobbit que era antes de poseer el anillo, y la otra es Gollum, la criatura que sólo desea recuperar el anillo. La única razón por la que Gollum coopera con Frodo y Sam es porque las dos mitades —a las que Sam llama «el Adulón y el Bribón»— han hecho una tregua: «ninguno de los dos quería que el Anillo fuese a parar a manos del Enemigo» (DT, p. 305). Frodo advierte el inmenso poder que la idea del anillo ejerce sobre la mente de Gollum. Antes, ha hecho a Gollum jurar por el anillo que será un guía fiel (DT, p. 279), pero poco después, cerca de la Puerta Negra de Mordor Gollum se encuentra «muy afligido» por la posibilidad de que Frodo pierda el anillo:

¡No le lleves a Él el Tesoro! [...) Consérvalo buen amo, y bueno con Sméagol. No permitas que Él lo tenga. O vete lejos de aquí, ve a sitios agradables, y devuélvelo al pequeño Sméagol. Sí, sí, amo: devuélvelo, ¿eh? Sméagol lo guardará en un sitio seguro; hará mucho bien, especialmente a los buenos hobbits. (DT, p. 304)

Este arrebato hace que Frodo llegue al fondo de la cuestión y le describa a

Gollum los peligros a los que se enfrenta, el riesgo que corre de perder su

alma: «Juraste cumplir una promesa por eso que llamas el Tesoro.¡Recuérdalo! Te obligará a cumplirla, pero tratará de volverla contra ti para destruirte. Ya ha empezado a volverla contra ti», le dice (DT, p. 307). Y entonces, con una extraña presciencia del clímax de la historia, Frodo declara que si surge la necesidad, él mismo se colocará el anillo y ordenará a Gollum arrojarse al fuego.

Gollum, por tanto, representa un ejemplo claro de la corrupción espiritual y la pérdida de sentido que causa el deseo abrumador de poseer el Anillo Único. Pero Gollum no es un ejemplo completo del problema planteado por Platón, pues no vemos el momento en que toma la decisión de usar el anillo. Para Platón, así como para Tolkien, el momento crucial de la historia de cada personaje es aquel en el que siente la tentación de usar el anillo. Es ese momento decisivo el que determina el destino de cada personaje, un

momento que guarda una similitud extraordinaria con la historia del pastor Giges y su decisión de usar el anillo que otorga la invisibilidad en el diálogo platónico.


El momento de la decisión de Gollum se produce mucho antes de las páginas iniciales de El Señor de los Anillos, e incluso mucho antes del comienzo de El hobbit. Aunque Gandalf relata la historia de cómo Sméagol mata a su amigo Déagol para hacerse con el anillo (CA, pp. 71 y ss.), en realidad no conocemos su crisis moral ni su decisión originales. En el personaje de Gollum sencillamente conocemos el resultado final de una vida dedicada a la búsqueda del poder, una vida de miseria y corrupción.

Boromir es el personaje que más se adecúa al modelo del argumento moral de Glaucón a propósito del pastor Giges: el hombre virtuoso al que corrompe la tentación del poder. Tolkien describe a Boromir como un hombre de acción, noble, de buen corazón, valiente, al que desconcierta la complejidad del plan para destruir el Anillo Único. Durante el Concilio de Elrond, Boromir pregunta a los participantes si no deberían pensar que es una suerte tener el anillo: «¿Por qué no pensar que el Gran Anillo ha llegado a nuestras manos para servirnos en esta hora de necesidad? Llevando el Anillo, los Señores de los Libres podrían derrotar al Enemigo [...] Que el Anillo sea vuestra arma, si tiene tanto poder como pensáis. ¡Tomadlo, y marchad a la victoria!» (CA, p. 316). Boromir quiere usar el Anillo Único con fines benéficos. No considera que haya nada malo en usarlo para satisfacer el deseo de los pueblos libres de la Tierra Media (y el suyo propio) de derrotar el mal de Sauron.

Elrond (al igual que el resto de los participantes en el concilio) rechaza la

propuesta de usar el anillo en términos que recuerdan la argumentación de Platón en la República: «No podemos utilizar el Anillo Soberano [...] es completamente maléfico [...] Basta desear el Anillo para que el corazón se corrompa» (CA, p. 316). Usar el poder del mal destruye el alma (corrompe el corazón).

Boromir parece convencido, y a lo largo de todo el viaje hacia el sur con la Comunidad del Anillo no vuelve a mencionar la posibilidad de emplearlo para hacer el bien. Sin embargo, en el clímax de La Comunidad del Anillo, la tentación de usar su poder en la guerra contra Mordor lo supera. Sigue en secreto a Frodo hasta los bosques cerca de Amon Hen con el fin de convencerlo de llevar el anillo a Gondor. No obstante, las palabras de Boromir le traicionan, pues empieza a imaginarse como un gran guerrero al mando del anillo y de todas las fuerzas contra Mordor. En un principio, sostiene que el anillo salvará a su pueblo, pero pronto queda claro que hay motivos más egoístas detrás de su propuesta. «Sólo por una desgraciada casualidad es tuyo», dice. «Tenía que haber sido mío. Tiene que ser mío. ¡Dámelo!» (CA, p. 468). Boromir intenta apoderarse del anillo por la fuerza, pero Frodo se lo coloca en su dedo, se hace invisible y escapa.

Boromir se redime y demuestra su naturaleza heroica al defender a Merry y Pippin de los orcos que los atacan, y mientras agoniza confiesa a Aragorn que intentó arrebatarle el anillo a Frodo. Esto demuestra que la corrupción provocada por el anillo no es permanente, aunque quizá ello se deba a que, en última instancia, Boromir había tenido muy poco contacto con él. En cualquier caso, su historia constituye un ejemplo perfecto del desafío de la inmoralidad propuesto por Glaucón en el diálogo platónico: Boromir es el hombre justo que encuentra un anillo de poder y es incapaz de resistir la tentación de actuar con impunidad, como si fuera un dios. El deseo de hacerse con el poder del Anillo Único corrompe hasta tal punto su alma que llega a acusar a Frodo de ser un aliado maligno del Señor Oscuro. La lección ética es clara: un anillo de poder corrompe incluso a quien es valiente, fuerte y virtuoso.

¿Quién puede evitar la corrupción? Antes de narrar la tentación y muerte de Boromir, Tolkien nos ha mostrado la tentación de Galadriel, la Dama de Lórien. Galadriel es uno de los elfos más poderosos de la Tierra Media, y Frodo se ofrece a entregarle el Anillo Único. Los motivos de Frodo para realizar semejante oferta sin complejos: tiene miedo del viaje que se avecina y le preocupa ser incapaz de llevar a término su misión, pero asimismo acaba de comprender que la destrucción del anillo tendrá como consecuencia el fin de la presencia de los elfos en la Tierra Media.


Quizá si Galadriel acepta el anillo, sea posible derrotar el mal de Mordor y salvar a los elfos. «Sois prudente, intrépida, y hermosa, Dama Galadriel», dice Frodo, «y os daré el Anillo Único, si vos me lo pedís. Para mí es algo demasiado grande» (CA, p.428).

En un primer momento, Galadriel se ríe, pues Frodo le está presentando la mayor tentación imaginable, y ella advierte la ironía de su impotencia, pues si de verdad quisiera el anillo podría arrebatárselo a Frodo por la fuerza. Pero apoderarse del anillo por la fuerza sería actuar de forma malvada; sería una demostración de que el anillo ya la ha corrompido. «No niego que mi corazón ha deseado pedirte lo que ahora me ofreces», le dice a Frodo.


Galadriel ha sopesado durante muchísimos años lo que podría hacer en caso de que el anillo cayera en sus manos. «El mal que fue planeado hace ya mucho tiempo sigue actuando de distintos modos [...] ¿No hubiera sido una noble acción, que aumentaría el crédito del Anillo, si se lo hubiera arrebatado a mi huésped por la fuerza o el miedo?»

Ahora no hay necesidad de tomarlo por la fuerza. Frodo se lo está ofreciendo con total libertad. Así que Galadriel prosigue:

Y ahora al fin llega. ¡Me darás libremente el Anillo! En el sitio del Señor Oscuro instalarás una Reina. ¡Y yo no seré oscura sino hermosa y terrible como la Mañana y la Noche! ¡Hermosa como el Mar y el Sol y la Nieve en la Montaña! ¡Terrible como la Tempestad y el Relámpago! Más fuerte que los cimientos de la tierra. ¡Todos me amarán y desesperarán! (CA, p. 429)

En este punto, Galadriel levanta su mano mientras del anillo álfico que

lleva surge una gran luz. «Se irguió ante Frodo, y pareció que tenía de pronto una altura inconmensurable y una belleza irresistible, adorable y tremenda» (CA, p. 429).

Es entonces cuando Frodo (y el lector) advierten en lo que podría convertirse Galadriel si aceptara el anillo. Un ser hermoso y poderoso, al que resultaría imposible no amar y no temer. Pero Galadriel supera la «prueba» a la que Frodo sin proponérselo la ha sometido, pues se niega a aceptar el Anillo Único:

Enseguida dejó caer la mano, y la luz se extinguió, y ella rió de nuevo, y he

aquí que fue otra vez una delgada mujer elfa, vestida sencillamente de blanco, de voz dulce y triste.

—He pasado la prueba —dijo—. Me iré empequeñeciendo, y marcharé al

Oeste, y continuaré siendo Galadriel. (CA, p. 429)

Al negarse a usar el Anillo Único, Galadriel consigue mantenerse fiel a sus principios, a su integridad como individuo y a sí misma: seguirá «siendo Galadriel». A través de su ejemplo, Tolkien nos muestra que una persona fuerte y virtuosa puede rechazar la tentación de un poder inmenso, incluso cuando ello tiene un coste personal, pues Galadriel sabe que al negarse a aceptar el poder del anillo no habrá nada que pueda hacer para mantener la presencia de los elfos en la Tierra Media. Galadriel, por tanto, representa una respuesta al desafío moral planteado en la República, a saber, la de quien se niega a correr el riesgo de que el poder corrompa su alma.

Boromir y Galadriel demuestran dos respuestas diferentes al problema platónico acerca de la relación entre el poder, la libertad de elección y la moral. A diferencia de lo que ocurre en el caso de Gollum, en estos dos personajes vemos el momento en que toman su decisión. Pero aunque las respuestas de uno y otra son diferentes, un aspecto de sus elecciones es idéntico: ninguno llega a poseer físicamente el anillo. ¿Qué pasa con los

personajes que sí eligen usar el anillo? ¿Nos ayudan sus acciones a comprender la relación entre el poder, la corrupción y la moral? En este punto debemos remitimos a Tom Bombadil, Frodo y Sam.

Extraido del libro "El Señor de los Anillos y la Filosofía"

Para nosotros, la palabra no impide la acción, lo que la impide es no formarse antes detenidamente de ponerla en ejecución, por eso mismo debemos formarnos, y formar a los que sean de nuestro entorno. Para eso queremos distinguimos.

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