Sacerdotes ¿Por qué callan?

Una de las cosas que, ante lo que está pasando en la Santa Madre Iglesia -terrorífico, a mi entender, por decirlo de algún modo-, que más desconcierta a las almas todas, empezando por las de tantos sacerdotes y religiosos -lo digo también por mí, sacerdote-, es el SILENCIO, ominoso y perturbador, de los que, en Ella y por razón de su cargo precisamente, más obligación, EN CONCIENCIA, tendrían de hablar, alto y claro.

 

¿Por qué? Porque, al tener cura de almas, dentro -y fuera, aunque no se lo crean- de su estricta jurisdicción, están puestos ahí, por el Señor, para ser sus Buenos Pastores: a imitación de Cristo, natural y sobrenaturalmente.

 

Jesús, que se sepa por lo que se lee con reverencia y piedad en los Santos Evangelios, solo calló ante Herodes, por razones obvias -id, y decid a esa raposa…: es lo más fino y caritativo que le dedica; y habla todo un Dios, para escándalo de los buenines acomplejados. 

 

Y calla también ante los que le apresaron y le martirizaron hasta matarlo: Como un cordero fue llevado al matadero; como oveja muda ante los trasquiladores. Porque se entregó cuando, como y porque quiso.

 

Como calla también, por cierto, ante nuestros pecados, que son la CAUSA DIRECTA de todos y cada uno de sus sufrimientos, del menor al mayor; si se puede hablar así.

 

ANTE NADIE MÁS ni en ninguna otra situación CALLA. Mucho menos ante los jerarcas religiosos judíos, por un doble motivo: han CORROMPIDO a su Pueblo…, después de haber corrompido la Palabra y la Ley de Dios por/con vuestras tradiciones.

 

Siendo esto así - así me lo parece en conciencia, porque así se nos ha revelado-, ¿cómo “digerir” y cómo “explicar” este PAVOROSO SILENCIO -¡tan sinsentido cuanto tan clamorosamente atronador y llamativo!- de los que somos, cada uno a su nivel y en su competencia personal, miembros de esa Jerarquía que ha instituido Cristo mismo para gobierno de su Iglesia y cuidado del Depositum Fidei: que empieza y es Él mismo?

 

¿Tiene alguna explicación coherente y ajustada al MAL que tal silencio origina? ¿No nos es suficiente el mal promovido directamente por tantos hermanos nuestros que, como mínimo, están “mal de la cabeza", están “enfermos"? No hay otra explicación posible -para “salvar” la caridad- en el juicio que NECESARIAMENTE hemos de hacer…

 

¿Pueden y deben soportar las almas, “nuestras ovejas”, por ser las que el Señor ha puesto a nuestro cuidado -no porque nos las hayamos “ganado", que no es el caso de nadie-, además de las pedradas de los pastores mercenarios, deben soportar -insisto- el desconcierto, la soledad, el dolor y el desvalimiento provocados por los “pastores mudos"? A los que en ningún momento ni lugar, nadie les dice que han de serlo: ni parecerlo siquiera.

 

¿Entonces? ¿A qué viene este SILENCIO de todos los que tendrían que hablar? Porque se lo va a tener muy en cuenta el Señor. Y cuenta DE CONCIENCIA, si esto significa aún algo para los interperlados.

 

Siempre recordaré, porque se lo oi decir directa y públicamente al Fundador del Opus Dei, el gran pecado que era “cegar las fuentes de la vida”. Hablaba para todos; pero, lógicamente y en primer lugar, para los casados; que, por su “vocación matrimonial", debían vivir su Matrimonio, “abierto a la vida”. No hacerlo así -sigo con sus palabras- sería “convertir el lecho matrimonial, que para mí es un altar, en un catre de mancebía”.

 

Pero, asentado esto, y apoyándose precisamente en estas palabras, nos recordaba a todos -se dirigía directamente a las conciencias de todos los que estábamos presentes, muchos de nosotros habiendo optado por seguir al Señor en el “celibato apostólico", que “aún mayor pecado era cegar las fuentes de la vida sobrenatural”.

 

Este “cegar las fuentes de la vida sobrenatural” es, en concreto y afinando, donde incide con toda su maldad este SILENCIO. Se reconozca así o no, se admita o no, se entienda así o no. Pero es lo que tantos jerarcas han sembrado, y tantos otros cosechado después -quizá sin comerlo ni beberlo, o contentos con tal pitanza-, con sus silencios, o sus medias palabritas acomodaticias y complacientes, ante los poderes del mundo.

 

¿Cómo pueden callar ante una cosa así, que afecta directamente a todas su ovejas? ¿Acaso no es de su incumbencia? ¿Hay que dedicarse a recoger plásticos, plantar árboles, o ir a una conferencia sobre el Islam? Pero, ¿a quién benefician con este comportamiento?

 

Porque el tema, candente e insoportable ya por más tiempo, es este: este SILENCIO que, como pregunto en el título, ¿a quién beneficia?

 

Cada uno deberá preguntárselo en la presencia del Señor. Muy en especial y muy en concreto todos a los que Él nos ha dicho: apacienta mis corderos; apacienta mis ovejas. Que somos muchos en la Iglesia, porque no son solo los obispos; ni solo los cardenales, que en número son menos áun…

 

Y como esto se ha alargado ya demasiado, seguiremos: porque el tema no está más que comenzado, y hay mucha más tela que cortar. Lo iremos viendo.

 

Rezad. Falta nos hace.

 

Amén.

Extracto del blog Non mea voluntas. Título orignal: En la Iglesia, ¿a quién beneficia tanto SILENCIO? Iª parte. - Para leer artículo original dejamos el enlace [Ingresar]

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