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La culpabilidad de la ignorancia

Claro está, gran parte de lo que pasa -casi diría la mayor parte- es obra de la ignorancia culpable. El hombre es un ser que está hecho para la verdad, por eso es una criatura racional,y es libre el hombre porque es capaz de la Verdad. La Verdad nos hace libres, fuera de la verdad no hay libertad. Siempre que se oye a alguien decir que el hombre existe para la libertad, ese no habla según Cristo, sino según Satanás. Porque el hombre existe para la verdad. Y la Verdad es ese mismo Dios que se hizo hombre. Se comprende que Pilatos le preguntara, «¿qué es la verdad?», que se lo preguntara a la Verdad misma, porque él era pagano y no la podía ver delante de sus ojos. Pero lo grave es cuando los cristianos dejan de ver la verdad y de vivir libremente según la verdad.

 

Por eso todo en la vida del hombre tiene que girar en torno a la Verdad, a la Verdad y al error. Si analizamos las virtudes, tanto las sobrenaturales como las naturales, todas tienen que ver con la verdad, porque el hombre existe para la verdad, dado que el fin último del hombre es la contemplación de la verdad de Dios en su misma luz.

 

Tomemos la virtud primera, la que es medida y forma de todas las virtudes, que es la Caridad. ¿Qué es la Caridad?, la Caridad es el amor mismo de Dios, el amor mismo de la Verdad. Y cuando esa Verdad se hizo hombre para nuestra salvación, esa Verdad se crucificó por amor.

 

Nosotros adoramos a Dios hecho hombre, en la figura de la derrota, del fracaso, de la muerte y de la crucifixión; el acto de amor más grande de Dios. Más grande todavía que la Creación misma, es ése acto de haber ido al sacrificio total de Sí mismo por amor a nosotros.

 

De manera que la caridad es ese amor que procede de la Verdad. Por eso, en el orden de las Personas Divinas, está el Padre, el Hijo, y el amor de Dios, el Espíritu de Dios que procede del Padre y del Hijo, como quien dijera del Ser y de la Verdad.

 

Porque, ¿qué sentido tiene el amor sin el conocimiento de la verdad?, ¿cómo puede ser ciego el amor?. El amor significa conocimiento de la verdad.

 

¿Qué es la esperanza?, la esperanza es justamente la expectación del hombre, el movimiento todo de la creatura, hacia esa meta que es la contemplación de la Verdad, la contemplación de Dios. Porque ahí está el retozo y la plenitud del Ser.

 

¿Qué es la Fe?, es el conocimiento de las verdades de Dios, que no podríamos alcanzar por nuestra razón natural, y que El mismo nos ha revelado. Conocimiento obscuro el de esos misterios, pero infinitamente superior a cualesquiera verdades que podamos lograr por el razonamiento, la demostración, la prueba, el experimento, el cálculo.

 

¿Qué es la prudencia?, pasamos ahora a las virtudes naturales. La prudencia es obrar en la verdad. Prudente es aquel que obra en la verdad, lo mismo en la vida de la familia, en la vida privada, profesional, que en la vida política. Por eso no hay otra política que no sea política de la verdad. Lo demás es demagogia o adulación o cualquier cosa.

 

¿Qué es la justicia?, la justicia es convivir en la verdad con el otro, vivir en la verdad con el otro. Eso es la justicia. ¿Y qué es la fortaleza?, la disposición interior para defender la verdad aún a costa de la propia vida.

 

¿Y qué es la sobriedad, la templanza?, la sobriedad, la templanza es aquella disposición capaz de ordenar la vida interior, de ordenar los apetitos, las pasiones, según la razón, a fin de que el hombre pueda elevarse a la contemplación de la verdad. Como ustedes ven, toda la escala de las virtudes, las tres sobrenaturales y las cuatro naturales o cardinales, giran en torno a la verdad. Se comprende entonces, que el mal del pecado, que todos los males de todo tipo, los sociales y políticos, procedan del error, procedan de la ignorancia.

La ignorancia es siempre culpable, aún del que yerra involuntariamente, porque el hombre está hecho para la verdad, e incluso cuando se equivoca, inocentemente vamos a decir así, se siente culpable, y se siente movido, obligado a reparar el daño que él, por ese error involuntario, pueda haber producido en otra persona. Pero ésta es la ignorancia menor de todas, la menos culpable.

 

Hay grados en la ignorancia, grados de culpabilidad, que significan proyecciones cada vez más arduas y tremendas en el orden de la convivencia. Después de esta ignorancia del que yerra, del que se equivoca, se dice que es humano errar, y nos estamos equivocando a cada rato, sin voluntad de hacerlo; está la supina ignorancia, la ignorancia del necio, de aquél que no sabe pero cree que sabe. Esta es ya una ignorancia con una tremenda culpa, tremendamente grave en sus consecuencias, y difícil de superar. Es la ignorancia del necio, de aquel que no sabe una cosa y cree que la sabe, y entonces tiene la desenvoltura, el empaque y la resolución de aquel que estuviese realmente en la verdad. Pero hay una ignorancia más culpable todavía que la del necio, que es la del falso, la del que miente, la de aquél que conoce la verdad y la oculta, y por interés, por placer, por temor, dice el error conociendo la verdad. Esto es todavía más grave, y de mayores consecuencias negativas.

 

Hay una ignorancia peor todavía que ésta, que es una de las que está más difundida en los días que corren, que es el espíritu dialéctico, la mentalidad dialéctica. ¿Qué es la dialéctica?. Dialéctica en su sentido propio es la lógica de la apariencia sin ser, es discurrir con la negación, con la contradicción, y pretender que la verdadera síntesis y resolución final afirmativa, es la que resulta al negar lo negado. Según la dialéctica, la inteligencia humana elabora conceptos negativos, privativos, como por ejemplo el concepto de ceguera, pongamos por caso el concepto de la nada, el concepto del mal. La nada, el mal, la ceguera, no son cosas reales, son pensamientos relativos a lo que falta, a lo que está ausente. La ceguera no es una cualidad que uno tiene, es una cualidad que a uno le falta, la ceguera es una ausencia de algo que debiéramos tener, que es la vista. Eso es la ceguera física. ¿Qué es ser manco?, no es tener; es no tener la mano que uno debiera tener, uno está privado de lo que debiera tener. Entonces en la realidad, no es algo sino algo que falta; y el ser malo, o el mal, es ausencia del bien, privación del bien.

 

Pero ésta todavía no es la peor ignorancia. Hay una mucho más radical y tremenda, que ya no es humana en su raíz, sino diabólica. Hay una ignorancia diabólica, que es la ignorancia del ángel rebelde frente a Dios. El, una inteligencia separada y la más encumbrada de todas, no podía dejar de ver a Dios, de conocer a Dios, aunque no lo viera en su misma luz.

 

¿Cuál era el único modo de negar a Dios, y no servirlo?, apartar la mirada, apartarla. No querer verlo, porque si ponía los ojos en Él, tenía que adorarlo. Entonces el único modo de apartarse de Dios y no servirlo, era apartar la mirada. Se dice también entre los hombres, «no hay peor ciego que el que no quiere ver», «no hay peor sordo que el que no quiere oír». Esa es la ignorancia más culpable de todas, la verdaderamente diabólica. Esa es la ignorancia en la que están incurriendo los responsables de la conducción política de nuestra Patria. Cierran los ojos ante la evidencia, e insisten en el absurdo.

Hay que decir la Verdad, pero gracias a Dios no estamos obligados a convencer de ello a los necios

 

P. Leonardo Castellani

Permitida su reproduccion citando autor y a La Cumbrera

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