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La revelación del amor a través de los padres (3/4)

 

Quinto descubrimiento fundamental: El amor es generoso y conduce al perdón

 

En esta misma línea surge, naturalmente, el culto del perdón. Amar es saber perdonar en el ser amado todo lo que éste no es. No basta reconocer los propios defectos y, en un gesto de humildad, olvidar, en función de ellos, los del otro. Es preciso ir más lejos en el perdón generoso de aquel a quien se ama.

 

El marido debe saber perdonar a la esposa, incansablemente, los errores que ésta comete o las flaquezas inherentes a su personalidad. Del mismo modo, la esposa al marido. Cada uno de ambos amantes no ama de verdad, a menos que pueda repetir la frase «Quien me ama, ama mi camisa sucia»

 

Esto se aprende en la juventud o ya nunca más. Cuántos amores se han estrellado en una feroz intransigencia que ignoraba la generosidad del perdón: negar al cónyuge el derecho de no ser lo que imaginábamos, estilizado según nuestros deseos, constantemente dueño de sí, impecable, por así decirlo, y sin sombra de imperfección. Así nos lo pintábamos en la época de nuestros sueños, así lo queríamos también en la vida real.

 

Ciertamente, nadie puede esperar que el amor engendre impecabilidad. Cada uno de nosotros, aun amado, lleva consigo la herencia de sus propias miserias. Y el amor sólo es grande cuando sabe cerrar los ojos y no verlas. «El encubrir ciertas cosas forma parte del amor, al igual que la redención». Ningún matrimonio experimentado puede negar este aforismo. Y ninguno habrá conseguido sobrevivir conyugalmente, sino en la medida en que tal actitud haya arraigado en su comportamiento diario.

 

Ello no quiere decir en absoluto que los hijos han de concebir la vida matrimonial como una eterna concesión o una perpetua renuncia a cualquier exigencia. Sólo que habrán visto a sus padres vivir el amor en el perdón generoso y, como tal, infinitamente paciente. Habrán seguido muy de cerca y vivido, lo mismo que el esposo y esposa que con su padre y su madre, la verdad contenida en esta regla de vida conyugal  «O usted ama a su marido, y esto significa que lo acepta tal como es, sin exigir de él, día tras día, que se transforme de acuerdo con este o aquel plan, pero dándole las oportunidades de conseguirlo; mejor aún, esforzándose por multiplicarlas en la manera misma en que usted apela a su libertad» o, de otro modo, usted sencillamente no lo ama. Esto es válido, naturalmente, en ambos sentidos: de mujer marido y de marido a mujer.

 

 

Tras haber vivido su infancia y adolescencia presenciando la generosidad cotidiana de un amor que sabe perdonar de veras, sin largas explicaciones, sin repeticiones inútiles, porque «perdonar explicando el perdón no es perdonar», los hijos, a su vez, sabrán caminar hacia el amor que les espera, haciéndose profundamente comprensivos hacia las faltas de los demás, sobre todo cuando éstos están más cerca. Habrán aprendido a amar de verdad, porque habrán visto practicar constantemente el arte del perdón, que es quizá la expresión más discreta, aunquee no la menos costosa, del amor.

 

 

 

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