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La revelación del amor a través de los padres (1/4)

En lo referente al amor, dos caminos se abren ante un adolescente: El camino de la falta de fe en el amor, cuya imagen resulta funesta, y el camino de la fe en el amor, de lo que se hablará a continuación. Uno y otro tienen sus raíces en el hogar. Su punto de partida es el amor de los padres vivido por éstos en la armonía y seguido por los hijos e hijas en la alegría. No hay duda de que es en el amor de los padres donde los hijos conocerán la auténtica revelación del amor y descubrirán el arte de vivir.

 

 

Al respecto, hay ciertas cualidades del amor que los hijos aprenderán a raíz del ejemplo que le den sus padres:

 

 

1. El amor es posible

 

2. El amor es duradero

 

3. El amor es total

 

4. El amor se vive en humildad

 

5. El amor es generoso y conduce al perdón

 

6. El amor es cariñoso

 

7. El amor es el principio de la felicidad

 

 

 

 

El primer descubrimiento fundamental: El amor es posible

 

Es esto una cosa importante en nuestros días. En efecto, a consecuencia de innumerables fracasos, a los que por desgracia se da una ruidosa publicidad en la medida en que ésta responde al deseo de racionalización de quienes han fracasado (numerosos por otra parte) , la familia, el matrimonio y el amor encuentran eco desfavorable en la opinión pública.

 

Encuestas sociológicas sutilmente dirigidas, orientaciones que se presentan bajo la engañosa apariencia de una pseudopsicología (pues de psicología no tiene sino el nombre, y su prestigio es más que dudoso), inducen a nuestros contemporáneos a desconfiar del Amor, con mayúsculas: Se impulsa a gozar de los amores de un día, que apenas son más que fenómenos de la epidermis, y sentir miedo ante el amor que pretende ser un compromiso definitivo, un vínculo irrevocable, una promesa de eternidad. Se dice que este amor es imposible y que hay que huir de él de manera sistemática.

 

Los hijos que diariamente asistieron a la serena evolución del amor reasumido día tras día por el padre y la madre, que vivieron a la sombra de una promesa transformada en vida, de un sueño de mocedad que se concretó en gozosa madurez, de una ternura que alimentó con abundancia un afecto cada vez más consistente, sabrán por experiencia que el amor es verdaderamente posible.

 

 

 

Sondeos falaces o teorías peligrosas no les alcanzarán en absoluto. Se mantendrán firmes pese a todos los embates en la medida en que sea firme su fe en el amor, una fe auténtica, que descansará en un testimonio vivo.

 

Entonces empezarán a prepararse para el amor, esperando que se repita en su propia existencia la magnífica aventura a la que tuvieron oportunidad de asistir a lo largo de una infancia feliz, una adolescencia alegre y una juventud llena de esperanza. Buscarán el amor y se prepararán cuidadosamente para él, porque su fe en él será inquebrantable.

 

El segundo descubrimiento fundamental: El amor es duradero

 

Sabrán también que el amor es duradero y, como muy bien escribe Ratzinger, « sirve siempre de fundamento a alguna especia de inmortalidad».

 

En la sociedad subvertida en que vivimos, el mantenimiento de los lazos conyugales es cosa cada vez más precaria. Hombres y Mujeres se casan y descasan a un ritmo que revela lo profundo de la crisis en que se encuentra la fe conyugal. Nuevos hogares, apenas nacidos, se convierten a poco en focos de conflicto, y los jóvenes amores ni siquiera tienen tiempo de florecer; mueren precozmente. Hogares, que parecían definitivos después de haber durado quince o veinte años, explotan de manera tan repentina como imprevista.

 

En materia de amor como en tantas otras cosas, nuestra civilización se ha convertido en una civilización de lo efímero. Ya no puede contarse con el mañana, y cualquier propósito ha de ser momentáneo. Así los jóvenes se acobardan ante el compromiso del amor y , en el momento de enfrentarse a él, lo rechazan no pocas veces bajo el pretexto de que, en los tiempos que corren, es imposible comprometerse para toda la vida. Por haber visto un gran número de frustrados, acaban haciendo suyo el cínico proverbio italiano:

"L'amore fa passare il tempo, il tempo fa passare l'amore."

("El amor hace pasar el tiempo; el tiempo hace pasar el amor.")

Pero, si durante toda la juventud han asistido al espectáculo de un padre y una madre que supieron ser totalmente fieles a su amor, hallándose después de veinte años de vida en común más unidos que nunca, más cerca el uno del otro, más llenos de cariño y necesarios el uno para el otro, los hijos habrán descubierto la verdadera cara del amor humano que desafía el tiempo y atraviesa las edades.

 

 

Harán suya la convicción de que « el amor auténtico va más allá de la tumba». E incluso antes de consagrarse ellos mismos al amor y dedicarle a su vez la vida con la imagen espléndida de la unión cordial del padre y la madre, su corazón descansará en esta preciosa certidumbre y su confianza en la durabilidad del amor será tal « que jamás se dejará de amar a quien se amó». Su alma joven estará así dispuesta a creer en la intemporabilidad del verdadero amor, porque ya vio cómo puede vivirse.   

 

Texto extraído del libro "Educar: diálogo de generaciones" de Paul Eugéne Charbonneau.

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