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La heroica valentía de… ¿el Cisma?

04/26/2019

 

El Cisma, grave traición al Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia Católica, jamás podrá implicar ni manifestar valentía. El Cisma, una traición que lacera el Cuerpo Místico de Cristo.

Por Dominus Est.

 

El cobarde es desleal a Dios y sus promesas. El cobarde manifiesta en sus actos completa falta de fe en el hecho de que Dios tiene perennemente el control de Su Iglesia y que puede neutralizar todo el daño que Satanás y sus agentes pudieran causar.

 

Y así, vemos hombres y mujeres abandonar la Iglesia en la tormenta, “el pecado hace al hombre cobarde”, una rebeldía confundida con audacia; una cobardía y pérdida de fe confundidos con valor. ¡Gritan heréticamente a los cuatro vientos que la Iglesia de Cristo se perdió y está en la apostasía! Y en esa confusión arrastran a otros que también han perdido la fe.

“¡Hombres – y mujeres – de poca fe!” (Mt. 14, 22-33).

 No nos extrañe ver a seguidores de los grandes promotores de cismas exaltar el error de sus fundadores, “¡Fue un santo, un valiente en grado heroico!”, se les escucha decir; “Ya goza de la visión beatífica”, presumen otros, no obstante algunos hayan muerto excomulgados, arrojados a un ‘suicidio espiritual’. No dejamos de ver a promotores del Cisma, dar un trato y títulos de “héroes” y “santos” a sus fundadores, de otorgarles una ilusa legitimidad “ante los ojos de Dios”, que es falsa, porque no es la voz de la Iglesia asistida por el Espíritu Santo la que se los ha dado (Mt. 16, 19[1]; Lc. 10, 16[2]). El hereje Lutero y los luteranos, el Obispo cismático Donato y los donatistas, entre otros promotores del Cisma en nuestros tiempos – en esencia no muy diferentes a Lutero y al obispo Donato – son un claro ejemplo.

 

No nos engañemos. Ni nos dejemos engañar. VALOR’, no es aquel de quien grita proclamándose “católico”. Valor, es el que se necesita para creer en Cristo y quedarse en la Barca a pesar de la tormenta, para adherirse sin condiciones a la única Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor[3]. ROMA SÓLO HAY UNA[4]. Juzgar, cualquiera lo hace; quedarse a trabajar por la Iglesia desde adentro, ¡sólo verdaderos Hombre y Mujeres de Fe!

 

 

El Cisma lacera el Cuerpo Místico de Cristo

 

 

El Cisma nunca será opción; ni la traición al Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia Católica, podrá implicar jamás valentía. ¿Es acaso “heroica” o “valiente” la osadía de quien ha traicionado el Cuerpo Místico de Cristo y su unidad?… Citando a un obispo cismático de nuestros tiempos: “el rito de la Misa es un rito bastardo, los sacramentos son sacramentos bastardos”, “La sede de Pedro y los puestos de autoridad de Roma están ocupados por anticristos”… ¿Es que puede considerarse como “Valiente” a quien blasfema contra la Iglesia y sus símbolos? ¿Qué verdadero católico podría aplaudir semejante osadía?

“¿Y acaso te parece poca cosa la subversión del orden eclesiástico suscitado por tu obra, la turbación de los fieles, las luchas, el espíritu de emulación , y el gravísimo escándalo que se les ha dado a los fieles, y que aún hoy perdura, por tu desobediencia a las disposiciones apostólicas? A causa de esta desobediencia se regocijan los infieles y los herejes; oscilan confundidos quienes son débiles en la fe; se duelen y lloran quienes tienen más firme la fe, y no ven por qué razón deban quedar sometidos a un Obispo que desprecia la obediencia debida al Romano Pontífice”, decía el Papa Pío IX a un Obispo cismático de su tiempo.

Obispos en la tormenta siempre ha habido y siempre los habrá; unos sabrán atravesarla, con humildad, pero con valentía en la Fe; otros, abandonando cobardemente la Barca de Pedro. ‘¡Non serviam!‘, ¡no serviré!, gritó el primer ángel caído arrastrando a otros con él a la ruina. Poco y nada importó que fuera el ángel más perfecto.

 

“¿Cómo caísteis, oh astro resplandeciente, que en la aurora brillabas? ¡Tu soberbia fue abatida hasta los infiernos!” (Is 14, 11-12).

Quienes rompen la comunión con la Iglesia de Cristo no escapan hacia la libertad, ni a la verdadera Tradición, sino a una moda como bien decía Chesterton; escapan a una Iglesia formada a su medida, a una Iglesia hecha ‘a la carta’, donde se erigen como jueces del magisterio, eligiendo qué sí y qué no es católico según su parecer cual método de ‘libre examen’, tan utilizado por las sectas protestantes y que no es otra cosa que, relativismo y modernismo puros disfrazados de oro e incienso.

 

Nos enfrentamos aún en nuestros días, 1.700 años después, ante la herejía donatista disfrazada de una falsa apariencia “Pía” como anzuelo eficaz para cualquier incauto que ha dejado de creer en las promesas hechas por Nuestro Señor y en su divina asistencia. Podrán decir estos herejes Donatistas de nuestro tiempo, “Si nuestra obra es de Dios, él sabrá conservarla y hacerla servir para bien de la Iglesia”…, pero “¡¿De qué Iglesia hablan esos hombres?! … Si ellos desprecian a los pastores de la Iglesia [obispos y sacerdotes] e incluso al Papa, si intentan por todos los medios evadir su autoridad para eludir sus directivas y juicios… entonces, ¿de qué Iglesia hablan esos hombres? Ciertamente no de la establecida sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, con Jesucristo mismo como la piedra angular” (Ef 2,20), respondería enérgico el Papa San Pío X aún a quienes usurpan su nombre.

 

¿Acaso no saben éstos que incluso las obras que no son de Dios son capaces de durar por largo tiempo? Justo la herética Reforma Luterana lleva ya 500 años y contando. ¡La vida en esta tierra es una eterna batalla del mal contra el bien!

 

Los herejes también recurren a la escritura

“Mas alguien se dirá: ¿es que quizá los herejes no se sirven de los testimonios de la Sagrada Escritura?

 

Ciertamente que se sirven ¡Y con cuánta apasionada vehemencia! Se les ve pasar de un libro a otro de la Ley Santa: desde Moisés a los libros de los Reyes, desde los Salmos a los Apóstoles, desde los Evangelios a los Profetas. En sus asambleas, con los extraños, en privado, en público, en los discursos y en los escritos, durante las comidas y en las plazas públicas, es raro que mantengan alguna cosa si antes no la han revestido con la autoridad de la Sagrada Escritura”, decía San Vicente de Lerins.

Finalmente, Jesús dijo a los doce:

 

“¿Queréis iros vosotros también?” (Jn. 6, 67).

 

REFERENCIAS:

 

[1] “Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos”. Mt. 16, 19.

 

[2] “El que a vosotros oye, a Mí me oye, y el que a vosotros desprecia, a mí me desprecia”. Lc. 10, 16)

 

[3] 157.- ¿Por qué la Iglesia verdadera es UNA? – La Iglesia verdadera es UNA porque sus hijos, de cualquier tiempo y lugar, están unidos entre sí en una misma Fe, un mismo culto, una misma ley y en la participación de unos sacramentos bajo una misma cabeza visible, el Romano Pontífice.

158.- ¿No podría haber más Iglesias? – No, señor; no puede haber más Iglesias, porque así como no hay más que un solo Dios, una Fe y un solo Bautismo, así no hay ni puede haber más que una sola y verdadera Iglesia.

Catecismo Mayor del Papa San Pío X.

 

[4] 162.- ¿Por qué la Iglesia verdadera es, además, APOSTÓLICA? – La Iglesia verdadera es, además, APOSTÓLICA porque se remonta sin interrupción hasta los Apóstoles; porque cree y enseña todo lo que ellos creyeron y enseñaron y porque es guiada y gobernada por los Pastores que legítimamente les suceden.

 

163.- ¿Y por qué la Iglesia verdadera se llama, asimismo, ROMANA? – La Iglesia verdadera se llama, asimismo, ROMANA porque los cuatro caracteres de unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad se hallan sólo en la Iglesia que reconoce por cabeza al Obispo de Roma, sucesor de San Pedro.

 

Catecismo Mayor del Papa San Pío X.

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