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C.S. Lewis - "Mi posición, en el umbral del cristianismo" Tres cartas (I)

02/25/2019

Estas cartas de C. S. Lewis fueron escritas a Sheldon Vanauken, que posteriormente escribiera el best-seller "A severe mercy". Vanauken pidió a Lewis el permiso de utilizar las cartas en su texto "Encuentro con la luz" y Lewis accedió. Vanauken puso posteriormente las cartas en el dominio público.

 

 

Estimado Sr. Vanauken:

 

Mi posición, en el umbral del cristianismo, era exactamente la contraria a la suya. Usted desea que sea verdad; yo ansiaba fuertemente que no lo fuera. Al menos, ese era mi deseo consciente: usted puede sospechar que existían en mí deseos inconscientes de tipo opuesto, y que fueron éstos los que finalmente me empujaron adentro. Bien: pero entonces yo también puedo sospechar que, bajo su deseo consciente de que el cristianismo sea verdad, existe al acecho un fuerte deseo inconsciente de que no lo sea. Así, solamente podemos concluir que el pensamiento moderno, por más que pueda ser útil para explicar el origen de un error (que uno sepa ya que es un error), es perfectamente inútil para decidir cuál de dos creencias es el error y cuál es la verdad.

 

Porque:

 

(a.) Uno nunca conoce todos sus deseos, y 

 

(b.) En las grandes cuestiones, tales como estas, aún los deseos conscientes tienen su parte en los dos lados, casi siempre.

 

Lo que pienso que uno puede decir con certeza es ésto: La idea "Todos quisieran que el cristianismo fuera verdad, por lo tanto los ateos son los valientes que han afrontado la derrota de sus deseos más profundos" es un absurdo impúdico.

 

Imagine usted que gente como Stalin, Hitler, Haldane, Stapledon (...) despiertan una mañana y descubren que ellos no son sus propios amos, que tienen un Señor y un Juez, que no existe nada, incluso en lo más profundo de sus pensamientos, sobre lo cual ello puedan decirle a El: "¡Fuera de aquí! ¡Lugar privado! ¡Esto es asunto mío!" ¿Cree ud. que se sentirían contentos? Su primera reacción sería (como fue la mía) de ira y terror. Y dudo mucho que ud. mismo encontrara tal cosa simplemente placentera.

 

¿Acaso la verdad no es que eso gratificaría algunos de nuestros deseos (que muy esporádicamente sentimos) y que a la vez frustraría muchos otros? De modo que dejemos de lado el tema del deseo. Eso nunca ayudó a nadie a solucionar ningún problema.

 

No concuerdo con su visión de la historia de la religión: Cristo, Buda, Mahoma y otros, haciendo elaboraciones a partir de una simplicidad original. Creo, sí, que el budismo es una simplificación del hinduismo y el islamismo es una simplificación del cristianismo. Pero la religión clara, transparente, simple (el Tao con el agregado de un dios vago, ético en el fondo) es un desarrollo tardío, que se da generalmente entre la gente intelectual, en las ciudades. Con lo que uno realmente comienza es con ritual, mito, y misterio; la muerte y la vuelta de Osiris, las danzas, las iniciaciones, los sacrificios, los reyes divinos. En oposición a esto surgen los filósofos, Aristóteles, Confucio; pero esto apenas puede ser llamado religión. Los únicos dos sistemas en los cuales los misterios y las filosofías van juntos son hinduismo y cristianismo; allí usted tiene Metafísica y Culto.

 

Por eso, mi primer paso, fue asegurarme de que una de ambas (o ambas) tenía la respuesta. Porque la realidad no puede ser sólo para los salvajes ni sólo para las mentes elevadas. Las cosas verdaderas no son así (por ejemplo, la materia es la primera cosa más obvia que uno encuentra, en los chocolates, las manzanas, pero también es el objeto de la física cuántica).

 

No puede plantearse la cuestión de una multitud de religiones desconectadas. La opción está entre

 

(a.) La visión del mundo del materialista; que yo no puedo creer.

 

(b.) Las religiones primitivas arcaicas; que no son bastante morales.

 

(c.) La supuesta superación de ellas en el hinduismo

 

(d.) La supuesta superación de ellas en el cristianismo

 

Pero la debilidad de hinduismo es que en realidad no entrelaza los dos hilos. La religión salvaje sin redención funciona en la aldea; el ermitaño filosofa en el bosque: y ninguno realmente interactúa con el otro. Sólo el cristianismo obliga a un intelectual, como yo, a participar de un banquete ritual con sangre, y también obliga a un convertido del África Central a seguir un refinado código ético.

 

¿Ha intentado leer "El hombre eterno", de Chesterton? Es la mejor apologética popular que conozco.

 

Mientras tanto, el intento de practicar el Tao es ciertamente la opción correcta.

 

¿Ha leído a Confucio? Termina diciendo: "Esto es el Tao. No sé si alguna persona alguna vez lo ha practicado." Eso es significativo: en verdad, uno puede ir directamente de allí a la Epístola a los Romanos.

 

No sé si algo de esto le será útil. No dude ud. en escribirme otra vez, o llamarme, si piensa que puedo serle de ayuda.

 

Suyo

 

C.S. Lewis

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